En Patera Urbana estamos trabajando para crear un espacio de acogida y formación a las personas migrantes sin papeles que residen o acaban de llegar a nuestro país.

Este trabajo se apoya en la experiencia que hemos amasado en diferentes organizaciones y colectivos vinculados con esta temática, como por ejemplo 'Nómadas del Siglo 21'.

Entendiendo que existen diferentes dificultades con las que se encuentra un migrante en esta situación: Como la problemática de encontrar una vivienda, temas legales tales como papeles para conseguir el arraigo como acompañamiento en juzgados o en asuntos médicos, etc. Así como la voluntad de crear un espacio formativo para empoderar a estas personas proporcionando herramientas con el fin de vivir en esta sociedad.

Este es un proyecto en contruccion y necesitamos toda la energia y experiencia que podais aportar.


miércoles, 30 de marzo de 2011

Sessió Formació visites CIE‏

De: ENredadas <estamosenredadas@gmail.com> Data: 28 de març de 2011 17:00 Assumpte: Sessió Formació visites CIE Per a: EN redadas <estamosenredadas@gmail.com>
Hola, Us escribim per convidar-vos a la: 
Sessió de Formació per a fer visites al Centre d'Internament d'Extrangers (CIE) zona Franca. 
Des de la Coordinadora EnRedadas i el grup d'Investigació sobre el CIE de Zona Franca tenim la idea de poder mantenir una presència constant al CIE de Zona Franca; hem pensat en organitzar aquesta sessió per a poder començar a coordinar visites, compartir les experiències de la gent que ja ha esta fent presència al CIE i ampliar la xarxa de suport per acabar amb els CIE's. 

La Sessió serà el pròxim dijous 31 de Març a les 18h a la Rosa Negra (c/ Roser nº30, metro Paral.lel) 

L'ordre del dia és el següent: 
1) Formació sobre el procés legal que porta al internament i l'expulsió.
2) ¿Quin objectius ens plantejem amb les visites?
3) Informació básica sobre com anar al CIE i proposta de coordinació de visites.
4) Propuesta desde el grup d'investigació: fitxa de visites.
Animem a venir a aquelles persones que tenen ganes de fer-se ulls denunciants i vigilants del abús de poder que reb la població migrant. Salut i fins dijous

martes, 15 de marzo de 2011

Esplèndid article de l'antropòleg Manuel Delgado sobre els 'il·legals'.- Escrit l'any 2000 però completament actual‏

 
 
Article publicat al diari El País, el 16 d'ctubre del 2000.
LA PRODUCCIÓN LEGAL DE ILEGALES
Manuel Delgado


A estas alturas lo que uno se pregunta es si es posible hoy una discusión realmente seria sobre los fenómenos migratorios, una reflexión pública capaz de prescindir de las demagogias políticas y las trivializaciones mediáticas. Al hablar del asunto migratorio parece que no tengan cabida ni los conceptos claros ni los datos verídicos, y sólo resulten pertinentes argumentos arbitrarios y hechos inexistentes o distorsionados.
Puestos a repasar algunas de las leyendas en torno a las que gira hoy todo cuanto se dice sobre la inmigración en España, la primera en ser citada debería ser la de que estamos siendo víctimas de una especie de invasión. Es fácil reconocer en el tratamiento que recibe la llegada de inmigrantes el interés del gobierno y sus aliados –incluyendo ahora al PSOE– en justificar la modificación de la nunca aplicada Ley de derechos y libertades de los extranjeros en España, y hacerlo en nombre de la urgencia de protegernos de lo que se escenifica como una avalancha masiva de menesterosos indeseables. Los datos son aquí contundentes: tendrían que llegar muchos miles de inmigrantes más para que pasáramos de nuestro discreto 1,5 % de extranjeros al 6 % de la media europea, por no hablar del 10 % que se registra en Francia, Alemania o Bélgica. En estas mismas páginas se informaba hace poco (El País, 30 de setiembre) de los 2.400 nuevos inmigrantes que se registraban al mes en Barcelona, pero también de lo lejos que estaba el 3,5 % resultante, respecto de la población total, del 21 % de Frankfort, del 16 % de Viena, del 15,4 de Bruselas o del 16,6 de París.
La segunda ficción a impugnar tiene que ver con el origen de los inmigrantes, presentados melodramáticamente por los medios de comunicación como fugitivos de la hambruna que afecta a los países pobrísimos y superpoblados de los que proceden. Bien. Está claro que ni los inmigrantes que se desplazan son los más pobres de sus países, ni esos países de origen son tampoco los más pobres. La inmigración suele proceder de países de desarrollo medio y está nutrida de personas con una capacidad económica suficiente como mínimo para costearse el viaje, en no pocos casos profesionales especializados o licenciados universitarios. En cambio, el discurso oficial sobre el tema se funda en la falsa premisa de que la circulación de trabajo vivo tiene su motor en las necesidades de unas miserabilizadas naciones emisoras, lo que convierte a los países anfitriones en «acogedores» de naúfragos desesperados y hace que en los debates a las posiciones xenófobas se les opongan razones basadas tan solo en la misericordia y los buenos sentimientos. Planteamientos policiales frente a argumentos humanitarios.
Son esas leyendas sobre el origen traumático y convulsivo de las corrientes migratorias hacia Europa las que permiten legitimar la urgencia de «regularlas» mediante endurecimientos legales. El bulo de la oleada desbocada de inmigrantes oculta una verdad que cualquier estudiante de demografía podría certificar: toda regulación gubernamental de flujos migratorios de carácter económico sobrerregula algo que ya está regulado por el propio mercado de trabajo. Los movimientos migratorios no son la consecuencia de una suerte de espasmo colectivo descontrolado, ni están abandonados a la irracionalidad que se les suele atribuir. Al contrario, los procesos migratorios son un ejemplo de circuito autorregulado, se gestionan a sí mismos en secreto a partir de lógicas racionales y obedecen ante todo a la demanda de mano de obra no cualificada por parte de los países receptores.
En otras palabras. Un inmigrante no se desplaza sino tiene una cierta seguridad de que va a encontrar trabajo. El inmigrante no se mueve a ciegas, ni ha tomado su decisión llevado por una mera ilusión o un impulso irreflexivo. Sabe qué tiene que hacer, a dónde ir, quién le espera y qué tipo de empleo le está reservado. Dicho de otro modo: vienen los inmigrantes que tienen que venir y que vendrán de todas formas, sea cual sea la legislación con que se les reciba. De esto último se deriva otra evidencia escamoteada. Las leyes limitadoras no regulan el ingreso de inmigrantes, básicamente porque, repitámoslo, continuarán llegando los inmigrantes que la estructura laboral vaya reclamando en cada momento. Restringiendo la entrada de inmigrantes lo que se consigue es justamente lo contrario de lo que se dice buscar, puesto que los extranjeros que tantas dificultades han tenido que superar para llegar se ven disuadidos de regresar a sus países. Las trabas a la hora de admitir trabajadores extranjeros no frenan las entradas, sino las salidas.
No nos engañemos, lo que se obtiene con las leyes de extranjería no es regular la entrada de inmigrantes, sino regular, jerarquizándola, la estancia de los que acabarán pasando las fronteras igualmente y que quedarán divididos en «legales» e «ilegales». Es decir, lo que una ley como la que se está aprobando en el Parlamento español consigue no es sólo regularizar a unos inmigrantes, sino básicamente desrregularizar a otros. La Ley de Extranjería en marcha es una máquina de producir trabajadores jóvenes condenados a conocer las más atroces expresiones de esa misma precarización laboral que afecta a la mayor parte de la población laboral, incluyendo la nativa.
El resultado final no es por tanto que haya menos inmigrantes. Habrá exactamente los mismos. Lo que sucederá es que se renovará y aumentará el actual ejército de indocumentados sometidos a condiciones de trabajo infames, sobreexplotados, temerosos, sin apenas derechos ciudadanos, sujetos a un permanente estado de excepción, un subproletariado destinado a satisfacer las demandas menos confesables del mercado laboral. De lo que se trata –conscientemente o no– es de sumergir la mano de obra destinada a una estratégica economía no menos sumergida, clandestinizar los contingentes de trabajadores abocados a alimentar los segmentos más salvajes del orden capitalista. La finalidad de la nueva Ley de Extranjería no es cerrarle el paso a unos inmigrantes que se sabe que acabarán entrando de un modo u otro, sino en asegurarse de que, una vez dentro, quedarán a la intemperie en un estado de derecho que no lo habrá de ser para ellos.

SOMOS MENORES, TENEMOS DERECHOS ! Viven en la calle. Duermen en cajeros, en parques, a la intemperie. Están sin trabajo y, la mayoría, también sin papeles. Son menores de edad, o eso dicen ser‏

http://www.revistarambla.com/v1/index.php/sociedad/denuncias/521-isomos-menores-tenemos-derechos

¡SOMOS MENORES, TENEMOS DERECHOS!


Martes, 01 de Marzo de 2011 08:38 Texto: Blanca Mendiguren Gomila Fotos: Francesc Sans
alt Viven en la calle. Duermen en cajeros, en parques, a la intemperie. Están sin trabajo y, la mayoría, también sin papeles. Son menores de edad, o eso dicen ser. Inmigrantes subsaharianos que han venido a España en busca de una oportunidad que les ignora, que quieren luchar por una vida digna y que por eso se manifiestan. Forman parte del colectivo DRARI, una organización que ayuda a los “extranjeros menores no acompañados”, a los adolescentes que llegan a nuestro país sin más familia que ellos mismos. El 25 de febrero salieron a la calle para hacerse escuchar, para reclamar el cumplimiento de sus derechos ante la DGAIA, la Direcció General d’Atenció a la Infància i l’Adolescència de la Generalitat de Catalunya. Según los manifestantes, se les ha echado de los centros de menores porque el gobierno catalán considera que ya son mayores de edad, a pesar de que sus pasaportes indican lo contrario. “La Generalitat no cree nuestros pasaportes”, rezaban las pancartas.
La Ley de Extranjería establece que los inmigrantes que entran en España sin documento de identidad ni permiso de residencia son ilegales. La policía les abre un expediente sancionador y los retiene en comisaría hasta un máximo de 72 horas, período tras el cual se procede a ingresarles en un Centro de Internamiento de Extranjeros, en el que permanecen internados hasta 40 días. Entonces, o se les multa o se les expulsa del país. Para los inmigrantes menores de edad, en cambio, la ley dispone de otro procedimiento. En el caso de que estén indocumentados, se les realiza una prueba de edad. Si resultan ser menores, se pondrán a disposición de los servicios competentes de protección de menores y se decidirá su permanencia (en centros de acogida) en España o el retorno a sus países de origen, de tener familia allí. Así pues, los menores tienen más posibilidades de quedarse en España. Los adultos sin papeles lo tienen mucho más complicado.
El Síndic de Greuges y el Defensor del Pueblo han protestado en numerosas ocasiones contra la política de la Generalitat. Con ellos, el colectivo DRARI y los inmigrantes expulsados de los centros de menores. Reclaman sus derechos, ser amparados por la Generalitat. Sólo piden justicia, que se les crea. Una oportunidad.